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jueves, 2 de diciembre de 2010

5 Espinas - Capítulo 4

¡Aquí tienes! Tres espinas de rosas.....
Una por cada día de Sant Jordi que te he añorado.
¿Es posible añorar eso que no se ha tenido nunca?
Damián y yo habíamos sido amantes. Los dos sabíamos que nunca llegaríamos a ser más que eso, porque teníamos maneras muy diferentes de ver la vida..... y de vivirla. Exactamente por eso, cuando dejamos de ser amantes seguimos siendo buenos amigos..... Hasta que se hizo amigo de Luís, claro.
Yo ya lo intuía, pero supe que era algo más que una intuición el día que le pregunté por él a Susana y me dijo que hacía mucho tiempo que no lo veía, pero cuando su hija empezó a decir alguna cosa, ella le dio una patada para que callara, casi la deja coja..... Y es que no hay peor combinación que una madre mentirosa con una hija chivata.
A Damián no lo habían invitado a la boda, y eso que él sí que los había invitado a la suya (pero creo que no fueron). Casi diría que, en realidad, Luís nunca había sido amigo suyo.....
Ayer por la tarde, justo cuando regresaba del pueblo de la musa, me lo encontré:
Damián: ¡Ey!
Yo: Ey, Damián, ¿qué haces por aquí?
Damián: He venido a arreglar unas cosas..... Estoy en casa de Susana.
Yo: ¡Ah! Qué bien.
Yo habría acabado la conversación aquí pero, al parecer, a él le apetecía hablar:
Damián: ¿A dónde vas?
Yo: A casa.
Damián: Te acompaño.
Durante los primeros 36 pasos no dijimos nada.
Damián: ¿Qué es de tu vida?
Yo: Ahora estoy haciendo teatro – realmente estaba haciendo teatro, porque no me apetecía nada hablar con él – ¿Y tú?
Damián: ¿Teatro?
Yo: Sí, teatro, ya sabes..... representar un papel que no es el tuyo.
Damián: Que bien, ¿no?
Yo: Pues sí..... ¿Y tú qué?
Damián: Yo tengo problemas con Rosa, no me deja ver a mi hija, quiere que vuelva el próximo fin de semana... He venido para hablar con un abogado e intentar cambiar algunas cláusulas del contrato de divorcio. La tía está loca.....
Yo: Rosa..... ¿Cuál es el problema real?
Damián: Ella dice que…..
Yo: No, no me hables de Rosa, siempre que algo te va mal, la pones de vuelta y media a ella.
Damián: ¿Qué?
Yo: Que mejor que no me acompañes a casa.
Damián: No, ¿qué has querido decir?
Yo: Qué he querido decir no, qué he dicho, porque es exactamente lo que quería decir – quizás el mosén tenía razón y algo de demonio sí que tengo – Los haces siempre, cada vez que algo no te va bien o que alguien no te aprecia como tú crees que te mereces.
Caminábamos por una calle con escaleras, Damián calculó mal la altura del escalón, chocó con la punta del pie y se rompió un dedo, así que nuestra conversación siguió en urgencias:
Aquel día, quizás porque era luna llena, no quedaba ninguna silla libre en la sala, estuvimos de pie hasta que llamaron a una mujer que llevaba un bebé. Damián se sentó en el sitio que quedó libre y yo salí a tomar un poco el aire. Cuando volví a la sala me di cuenta que tenía muy mala cara:
Yo: Ostras, que mala cara, ¿tanto te duele?
Damián: No es por el pie, es por lo que me has dicho.
Yo: Lo siento.....
En ese momento entraron en la sala Susana y Mónica, la novia de Luís. Pensé que me quería hacer invisible.....

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