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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sin tren (H/P)

¡Hola a todos!
Antes de empezar quiero aclarar un pequeño detalle: No sé si os podré explicar muchas historias, porque normalmente mis relatos hacen referencia a cosas que me pasan en los trenes, en las estaciones o en los lavabos de estas instalaciones, pero últimamente el aumento de las tarifas ha provocado que utilice poco este medio de transporte... Una pena, ¡porque me encanta viajar en tren!
¿Por qué la RENFE decide eliminar las literas, los compartimentos de 4 personas y los asientos de segunda clase, en plena crisis?
Reconozco que viajar en “tren hotel” es agradable: En las ventanillas siguen los paisajes cambiantes, el atardecer, la noche, la iluminación de las estaciones, el amanecer... En el compartimento encuentras la tranquilidad buscada, los vídeos, la ducha, el neceser...
Pero ¿Dónde está la gente? ¿Dónde están esas personas que enriquecían mis viajes? ¿Dónde estoy yo?... Pues, seguramente en un avión, por el simple hecho de que el viaje me sale más barato.
La subida de los precios ha sido tan bestia, que incluso he llegado a pensar que el éxito que últimamente está teniendo el Camino de Santiago tiene algo que ver con eso. Sí, creo que mucha gente – ante la imposibilidad de pagar el billete de tren para visitar a familiares y amigos – decide peregrinar hasta su destino...
En fin, quizás el objetivo de la RENFE es que las personas menos ricas llevemos una vida más sana... porque todos sabemos que caminar es muy sano.
Yo añoro los viajes de antes... Las partidas de cartas en las mesas de la cafetería o en los pasillos de las literas; los cambios de pasajeros durante el recorrido; las intimidades explicadas con la seguridad de que nunca volverías a ver a la otra persona; los bocadillos compartidos; el dormir con la mochila puesta porque alguien del compartimento te daba mala espina; el ambiente tragicómico que se creaba cuando alguien se despertaba y se daba cuenta que se había pasado de estación; hippies y quintos – a punto de reincorporarse a sus destinos – compartiendo una cerveza...
¡Ostras! En un viaje conocí a un hippy que tocaba la guitarra y cantaba canciones protesta en la intercesión entre dos vagones. Me contó que hacía el viaje para acompañar a un amigo que se iba a la mili.
Durante las seis horas y media que estuvimos juntos, el espíritu del 68 se dedicó a buscar argumentos para conseguir que su amigo se hiciera objetor de conciencia, pero no consiguió nada.
Nos bajamos los tres en la misma estación, el miliciano se fue para el cuartel y nosotros fuimos a desayunar, después nos separamos.
Unos días más tarde, en la misma estación, volví a encontrarme con el hippy. En esta ocasión, vestía chaqueta y botas militares:
Helena: ¡Ey! ¿Qué pasa, que al final tu amigo te convenció a ti de que tenías que hacer la mili?
Hippy: No, es que con los nervios el chaval se llevó mi bolsa y yo la suya... Es la única ropa que tengo.
¡Aaay! ¡Cuantas sorpresas surgían en los viajes en tren!
Pues eso, ya nos veremos otro miércoles.
Helena

4 comentarios:

  1. ¡¡¡Hola!!!
    No he tenido más remedio que escribirte porque estoy seguro de que te has acordado de mi escribiendo esto (aunque a lo mejor no).
    Aprovecho sólo para saludarte y para decirte que me gusta tu página, aunque todavía la he visto poco. Estoy impaciente por ver que pasa con las demás puertas del laberinto.
    Saludos de tu hermano Carlos.

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  2. Hermanito, hermanito. Qué bien que hayas entrado. Hombre, la verdad es que 4 hijos es una buena manera de complicarse la vida (incluso cuando son tan encantadores como los vuestros)..... Ya ves, papá y mamá, por ejemplo, tuvieron 8 y nunca dejaron de ser personas fantásticas.
    ¡Ah! ¡Felicidades! y felicita también Carlos (que seguro que sigue igual de gamberrillo). Besos para Adela, para los niños y para ti.

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  3. A lo que me refería con que te habrías acordado de mi era a lo de la pastorcita. Me equivoqué de sitio al poner el comentario.
    Saludos y gracias por la felicitación.
    Sí, Carlos sigue tan gamberrillo.

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  4. ¡Ah! Vale... No recuerdo haberte visto nunca vestido de "pastorcita"... ¡Ey! que es una broma... Pero lo que no es una broma es que por muy malo y corto que sea un chiste, siempre me hace gracia cuando lo explicas tú.

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