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jueves, 18 de noviembre de 2010

5 Espinas - Capítulo 2

¡Aquí tienes! Cuatro espinas de rosas.....
Una por cada día de Sant Jordi que has pensado en mí..... ¡y me has deseado!
.....Me has deseado que me secuestrara un dragón.
El relato de Javier de Can Botiguer, es una de aquellas historias que pasan de generación en generación sin que nadie conozca exactamente el origen, la procedencia o la época en la que sucedió.
Pero no es la típica historia que se explica junto a la chimenea en un ambiente familiar, relajado y tierno..... No, esta historia es típica de las despedidas de soltero cuando – después de unas copas – un buen amigo del novio dice: “Que no te pase como a Javier de Can Bitiguer.....”
Os recuerdo que yo no conozco a Javier, pero introduzco aquí su historia porque Luís se impresionó mucho cuando se la explicaron, justo el día antes de su boda:
“Que no te pase como a Javier de Can Botiguer.....”
“En Can Botiguer no hay ningún Javier” – Interviene uno de aquellos que lo saben todo porque son del pueblo de toda la vida.
“Era el hijo pequeño de los antiguos dueños – prosigue el amigo – sus padres tuvieron que marchar del pueblo por culpa de las tonterías falderas del chico” – Responde el amigo del novio.
“¿Y qué dices que le pasó?”
El narrador pide otro cubata, coloca una mesa delante del grupo y se sienta encima:
“Juan y María Pilar, los antiguos dueños de Can Botiguer, tenían tres hijos: dos niñas mellizas y un niño que nació catorce años más tarde: Javier.
“Por ser pequeño, por ser muy mono y por ser niño, Javier estaba mimado hasta el más pequeño de los detalles. Al crecer, además, demostró ser inteligente, tener un don especial para atraer a la gente y la capacidad de destacar en todo lo que hacía.
“Dicho esto, queda claro que su éxito con las mujeres estaba garantizado ¿no? Diría que incluso mi madre..... Bien, volvamos a Javier. El caso es que el muchacho tenía todo lo que quería menos, según mi padre, la felicidad (quizás el comentario sea más fruto de los celos que de la realidad).”
Llegado a este punto, el novio levanta el culo del taburete, camina tambaleándose hasta el amigo y, con los ojos y la voz medio cerrados, dice: “Multiplícate por cero, tío..... yo soy feliz, ¿vale?”
El amigo le pone la mano en la nuca y se lo acerca al hombro, con ese gesto que cuesta de interpretar: “¿Lo está abrazando o lo está ahogando?” Después le dice que se tranquilice y escuche el resto de la historia. El novio busca una silla con respaldo y se desploma en ella. El amigo continúa el relato:
“Javier, por tanto, siempre tenía novia: chica que le gustaba, chica que caía en su red..... Y, desafortunadamente, chica que no le gustaba, chica que también caía en su red. Sus amigos, entre ellos mi padre, sólo podían escoger entre las muchachas que el pequeño de Can Botiguer no quería..... Pero, seguramente provocado por el don natural que Javier tenía para atraer a la gente, siempre lo apoyaban..... o, por lo menos, hacían ver que era así.”
El camarero que, para entonces, se había sumado al grupo porque eran los únicos clientes que quedaban, preguntó: “Además de guapo, ¿también tenía dinero?”
La expresión facial adoptada por el resto de oyentes denotaba el interés del grupo por la respuesta: “Bien, era artista..... A veces tenía y a veces no. Cuando tenía gastaba, cuando no, también.”
El novio, totalmente hundido en la silla y el alcohol, consiguió decir: “¡Ya está bien! Sólo quiero saber qué le pasó a aquel chico..... yo soy feliz, no soy artista..... quiero decir, su historia y la mía no tienen nada que ver..... ¿Qué es eso que me puede pasar?”
El narrador coge el vaso y bebe un poco, mira al público con cara sarcástica y dice: “Parece que el homenajeado quiere ir a dormir temprano..... quizás tiene alguna cosa importante que hacer mañana. Así que iré directamente al grano.”
Mira al novio, sonríe con ironía (o celos) y, como había anunciado, va directamente al grano: “¡La cantidad de novias! Eso es lo que tenéis en común: la cantidad de novias que habéis tenido antes de escoger una mujer para casaros.
“Con el anuncio de su boda, Javier destruía las esperanzas que, escondidas en los rincones más ocultos de la mente, cualquier chica o mujer del pueblo alimentaba día tras día, convencida que ella, y sólo ella, había conseguido enamorar al pequeño de Can Botiguer.
“Así, cuando Javier hizo público su compromiso con la muchacha de “Nueva Masía”, la población femenina del pueblo entristeció, la población masculina sonrió y muchos padres respiraron tranquilos.
“El día de la boda – soleado y con temperatura agradable – todo parecía perfecto: Los trabajadores de “Nueva Masía” habían tenido tiempo de ordeñar las vacas antes de la ceremonia; la familia de Can Botiguer elegante pero discreta; las jóvenes del pueblo con una sonrisa hipócrita muy grande y los novios deliciosamente encajados en los trajes hechos a medida.
“El primo de Elena, la novia, hizo una interpretación libre (quizás excesivamente libre) de la melodía nupcial. Los invitados se levantaron y clavaron sobre la novia toda clase de miradas. Las sonrisas de las muchachas se hicieron mucho más grandes y, ¡claro! mucho más hipócritas.
“Mosén Salvador, siendo consciente de que esta boda era el principio de una nueva etapa de ceremonias, ya que muchas mujeres desilusionadas aceptarían casarse con los muchachos que quedaban libre, fue directo al grano y acabó el sermón en un periquete.
“El sol entraba por la vidriera lateral de la iglesia, produciendo tonalidades rojas, azules y amarillentas sobre el suelo a medio metro por delante de los novios. Mosén salvador dijo:
“Si alguien de los presentes conoce alguna causa por la cual este matrimonio no se deba llevar a cabo, que lo diga ahora o que calle para siempre
“El silencio se intensifica. 143 invitados sorprendidos. Ruido de tacones que se acercan al altar. Murmullos.
Final 2:
Tres mujeres saludan a la novia con una especie de sonrisa (bueno... le enseñaron los dientes), después miran al novio y dicen: “Callaremos para siempre”, sacan una pistola cada una y se meten un tiro en la boca.....”
El novio (el de la despedida de soltero, o sea, Luís), haciendo un sobre esfuerzo, mira al amigo y dice: “¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!..... Muy gracioso ¡cabrón!” Después abandona el bar y se arrastra por las calles hasta su casa.

Retomando el capítulo anterior:
Yo: No lo sé Luís, ¿pero a ti te han explicado el final?
Luís: Sí, las tres mujeres se suicidan delante de los novios.
Yo: No, ese no es el final..... mas bien es el principio.
Luís: ¿El principio? ¿Qué hay después de un suicidio?
Yo: ¡La verdad!
Luís: ¿Qué verdad?
Pues eso, responderé la pregunta de Luís el próximo jueves.
¡Buena semana a todos!

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